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Es kitsch o cool???

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¿Qué significa kitsch? Se refiere a una propuesta estética pretenciosa y exagerada.  Todo aquello que adorna sin mayor necesidad y con el puro fin de llamar la atención.  Ejemplo de ello es una funda aleopardada y peludita en el volante de un vehículo.  ¿Es necesaria? Puede ser, pero ¿tiene que ser tan llamativa para cumplir su función?…. ciertamente no.  Ahí radica el factor kitsch.

Cuando nos referimos a lo cool, en realidad utilizamos la palabra para identificar una propuesta estética mucho más sobria y elemental.  Celebrada por su simpleza y originalidad. En inglés significa literalmente “frío”, pero es una palabra que también se emplea para calificar a las cosas “buenas” o agradables.

Colores fuertes, imágenes religiosas, colecciones de antigüedades, muebles de antaño tapizados de forma moderna, otros pintados en diferentes tonalidades. El kitsch es lo contrario del minimalismo. Es decir, el lema de esta corriente —criticada por muchos como una apreciación irónica y ridícula del arte— sería: mientras más, mejor. Atento, porque hoy el kitsch está de moda.

Proveniente de los años ochenta, esta corriente fue muy criticada en sus inicios, ya que no correspondía a ningún estilo del interiorismo o, más bien, no solo no correspondía, sino que, además, copiaba otros géneros de la decoración, pero con muy mal gusto. Y es que, claro, lo elegante era lo ostentoso, pero sin mezclar estilos, y sin amontonar de todo un poco; el boom del minimalismo o el arte retro de los años sesenta, se oponía fuertemente a la acumulación de objetos sin sentido, lo que hoy para muchos es arte y una forma de vida, desde el vestuario hasta la decoración de la casa, el “estilo kitsch” está en boca de todos.

Sí, porque “dime cómo te vistes y te diré cómo es tu casa”, es un dicho que también se ha popularizado entre la población. Por ejemplo, la comunidad japonesa es absolutamente kitsch. Tienen cantidad de objetos que podrían parecer inútiles, pero que ellos consideran para la buena suerte, además de ser, para algunos, bellos objetos inútiles pero tremendamente decorativos.

El objeto que podríamos decir está en la cumbre de lo kitsch son los famosos maneki-nekos japoneses. Esos gatos dorados, negros o blancos que mueven un brazo eternamente. Nada más hay que ver de dónde vienen las famosas “tribus urbanas”: de Japón, jóvenes con el pelo largo, de colores, que se pintan la cara y andan con la ropa más extraña del mundo, fanáticos del animé. Muy recargados. Eso es el kitsch. ¿Para qué desperdiciar una pared con un solo cuadro, cuando podemos ponerle veinte, todos coloridos, algunos con marcos rococó, dorados, acompañados por otros de diferentes formatos, coloridos y estilos?

Hoy el kitsch está en boga. Atrás quedaron las opiniones de algunos críticos posmodernos sobre esta corriente: “es una imitación estilística de formas de un pasado histórico prestigioso”. Otros expertos, en busca del inicio de esta tendencia, buscaron respuesta en el arte decorativo desarrollado a principios del siglo XX, y cuya teoría dice que esta se compuso a partir del inmenso auge que tuvo la industria de Hollywood en aquella época. Entonces llegó a Estados Unidos una migración de gente adinerada que quiso parecerse a la clase superior europea y decoraron sus casas mezclando “caóticamente estilos como el barroco, florentino, gótico y rústico”, según el diccionario de la real Academia Española.

¿De dónde proviene el gusto por lo estrafalario, lo dorado, las figuras de yeso correoso que semejan porcelana de lladró, las litografías de Diego Rivera, las postales del Guernica de Picasso, los yoyos musicales que tocan Para Elisa, los tirajes monumentales de escritores clásicos, la ropa de marca que suena y tiene tipografías parecidas al original (Mike por Nike) los televisores Rony, los vasos de graduaciones y quinceaños, las fotos de boda y los bodegones de papel que parecen pinturas, los pergaminos con versos de superación, los trinchadores con souvenirs de distintas ciudades, las Últimascenas adornadas con escarcha, las figuras de la virgen de Guadalupe con coronas de foquitos navideños? Podríamos aventurar varias hipótesis: conformación del gusto estético, economías endebles, necesidad de simulación. Ninguna respondería a cabalidad.

Y así es, porque este estilo todo lo permite: mezclar el art decó, con lo campestre, lo moderno, lo sónico, el rústico, el Luis XV, Normando, Chippendale, y muchos otros. La gracia y lo difícil, pero por otro lado entretenido, está en saber reunir todo el conjunto bajo un mismo techo, provocando una armonía acogedora. Porque el kitsch tiene mucho de romántico, de accesorios, de desorden “ordenado” y de colecciones de todo lo que se quiera.

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